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Serie de fotografías, dimensiones variables, 2016.

Con una beca de excelencia otorgada por el Gobierno de México, a través de la Secretaria de Relaciones Exteriores y de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo, para las imágenes realizadas en la Ciudad de México en 2015

Agnès Fornells por su parte, mostró una faceta muy personal sobre lo que a mí me gusta llamar Arqueología de Calle. Esto es: el descubrimiento y revelación que interprete aquello que se encuentra sobre el pavimento vehicular. Y es que, la fotógrafa y artista visual francesa, halló por sí misma un filón sin explotar académicamente, luego de sucumbir –como sé que lo han hecho visitantes de Japón, Italia, Noruega, Argentina, España, Alemania… (y, muy seguramente, extraterrestres)- a encontrar respuesta a la representación de objetos apiñados inertes –y desperdigados-, con miras al “apartado” de espacio para coches en las calles de la capital mexicana, producto de cientos (o miles, no lo dudo) de producciones ejecutadas por anónimos mexicanos (en su mayoría) frente al pórtico de sus casas, restaurantes, hoteles, sastrerías, etc… El campo de trabajo de Agnès son las calles de la ciudad; en tanto su materia prima, aquello a lo que se confiere en México una vida (nueva) útil, y sin parangón en las calles del mundo.

Joel Nava Polina

en la revista Tabi Tabi TOYO, octubre 2017

En la Ciudad de México, se ha desarrollado el hábito de los "apartalugares", especialmente en los barrios comerciales del Centro y de la Merced. Objetos usados o construcciones minimalistas se encuentran depositados al lado de la banqueta, para impedir el aparcamiento de los coches. Me llamó la atención el aspecto escultural improvisado y urbano de estos depósitos al costado de la calle. Son tantos y tan variados que pude registrarlos bajo el modo de la recolección o del catálogo. Los comerciantes del barrio se apropian de esta manera una parte del espacio público, para que quede libre y visible la entrada a su negocio. Pero no es siempre el hecho de la vecindad, sino también de una organización global, conocida bajo el nombre de su mano de obra, los "viene viene". Por otra parte, y como consecuencia, los habitantes en zonas más residenciales hacen lo mismo para guardar aparcamiento frente a su casa, e incluso, al igual de los comerciantes, para que los “viene, viene” no tomen el lugar. Esta serie motivada al principio por el aspecto plástico de un uso del espacio público, de una práctica ciudadana, se precisó integrando esta otra dimensión, delictuosa y estratégica, misteriosa para un extranjero. Esta serie testimonia entonces una forma de lucha territorial codificada y la variedad de sus señales que puntúan las calles. El título (lugar reservado) junta palabras francesas con la puntuación interrogativa española.